Reformas

El bala perdida

A pesar de que yo estudiaba bastante bien en el colegio, siempre me junté con gente ‘poco recomendable’: repetidores, tripitidores y otros especímenes de poca respetabilidad. Viéndolo con perspectiva, hace un poco de gracia, porque aquellos chavales, en general, solo eran traviesos, nada del otro mundo. Teniendo en cuenta lo que pasa ahora en algunos colegios, aquellos alumnos poco respetables eran hermanitas de la Caridad comparados con algunos de ahora…

Tuve una amistad bastante estrecha con David, un repetidor, durante un par de cursos, hasta que quedó atrás y perdimos el contacto. Era el típico alumno atravesado al que los profesores tenían en poco estima. Pero era muy gracioso y siempre estaba tramando alguna cosa para que los de su grupo lo pasáramos bien. Decían que tenía ‘problemas’ en casa, pero yo nunca pregunté…

Realmente yo llegué a dudar de si había terminado el colegió porque le dejé de ver. Incluso pensé que se había ido a vivir a otro sitio porque tampoco lo veía por el barrio. Más de 20 años después me lo volví a encontrar. Fue una sorpresa monumental. Mis hermanos y yo habíamos heredado una casa semi en ruinas y nos pusimos en contacto con una empresa de  reformas integrales para que echará un vistazo, nos hiciera un presupuesto y nos recomendara alguna solución. Y allí apareció él.

No me reconoció, así que yo le dejé trabajar: tenía curiosidad por ver cómo se desenvolvía. Se mostró súper serio en todo momento. No quedaba ni rastro de aquel bala perdida del colegio. Entonces, justo antes de que se fuese, le cogí aparte y le dije quién era yo. Cambió totalmente la cara y, por fin, reconocí al David de antes, a aquel travieso que era capaz de desquiciar al profesor más zen.

Me comenté que, efectivamente, había acabado el colegio en otro sitio. Que le vino perfecto aquel cambio, sobre todo cuando empezó al instituto porque cambió mucho. Dejó las trastadas —“me aburrí”, me dijo— y empezó a estudiar un poco más en serio… sin pasarse tampoco. Y cuando terminó el instituto se puso a currar directamente, hasta que montó su propia empresa de reformas integrales. ¡Quién lo iba a decir!