Estores y cortinas

3 Ideas para la ventana de la cocina

La ventana de la cocina es imprescindible para tener luz natural y una buena ventilación. Pero, ¿cómo cubrirla? Te contamos cuáles son los tres métodos más utilizados y los pros y los contras de cada uno de ellos.

1) Las cortinas clásicas de tela. Son el método más utilizado para cubrir la ventana de la cocina. Tienen la ventaja de que son muy económicas y fáciles de colocar. Además, se pueden tener dos modelos diferentes e intercalarlos según se vayan lavando.

Si se opta por las cortinas de ojales y barra, el método más fácil, será muy sencillo colocar las cortinas y quitarlas cada vez que se laven. Además, se pueden utilizar cortinas estándar muy baratas sin necesidad de confeccionarlas a medida.

En contra de este método podemos decir que las cortinas se ensucian con mucha facilidad ya que en la cocina hay muchos vapores y grasas en el ambiente. Además, es frecuente que la ventana esté situada encima del fregadero, con lo cual es mucho más fácil que se salpique al fregar.

2) Las cortinas venecianas de aluminio. Otra de las opciones estrella para las cocinas. Las venecianas de aluminio son fáciles de colocar y como regulan la entrada de luz en la cocina preservando la intimidad son las favoritas de muchas personas.

Tienen la ventaja de que no hay que quitarlas y ponerlas para poder limpiarlas, sino que se les pasa un paño sin necesidad de descolgarse. El aluminio no se oxida, como sucede con otros metales que se utilizaban antes para este tipo de persianas, por lo que no hay ese problema.

Pero en contra podemos decir que si no se limpian muy a menudo las lamas de la persiana al final se puede acumular demasiada grasa y puede ser complicado realizar bien la limpieza. Además, de tanto frotar se pueden ir desgastando y desconchando las pinturas que recubren el aluminio, dándoles a las persianas un aspecto muy descuidado.

3) Los vinilos. Es la opción más moderna. Consiste en comprar vinilo al metro o de medidas ya estándar y pegarlo sobre los cristales por su cara interna. No es necesario utilizar ningún adhesivo, sino que se queda pegado con tan dolo agua.

Son muy fáciles de despegar y de pegar nuevamente cuando se quieran limpiar los cristales y no resultan caros, por lo que se pueden cambiar una vez que nos cansamos de ellos.

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